Uno enseña el código
Quien abre la mesa muestra un QR en su pantalla, los demás lo escanean con la cámara. Puede unirse quien ve el código, y nadie más: la mesa de al lado no existe. Hasta ocho iPhones, y cada persona recibe su color.
App para iPhone · Sin servidor, sin cuenta, sin internet
Estáis sentados juntos y hay una cosa en común: la cuenta que hay que dividir, la lista que hay que hacer, la partida de después de cenar. Uno enseña un código QR, los iPhone de la mesa se conectan entre sí, de teléfono a teléfono, y durante ese rato todos ven y tocan la misma cosa. Al levantaros, se acabó: sin cuentas, sin enlace de invitación y sin que nada haya pasado por internet.
Cómo funciona
Sin registro, sin grupo de WhatsApp, sin «te mando el enlace». La mesa entera está lista antes de que llegue el camarero.
Quien abre la mesa muestra un QR en su pantalla, los demás lo escanean con la cámara. Puede unirse quien ve el código, y nadie más: la mesa de al lado no existe. Hasta ocho iPhones, y cada persona recibe su color.
La cuenta, una lista, una partida. Todos ven lo mismo en su propio iPhone y en su propio idioma, y cada toque aparece en las demás pantallas al instante, por radio local de teléfono a teléfono.
No queda ningún grupo abierto ni ninguna cuenta creada, y en ningún servidor queda nada, porque no hay servidor. Los juegos no guardan nada; la cuenta y las listas guardan en tu iPhone exactamente lo que ves, por si lo quieres consultar.
Qué hay en la caja
De la cuenta seria a la partida tonta, con la misma conexión debajo: lo que hace uno lo ven todos, al instante.
Una foto al tique, la IA del iPhone lee las posiciones y cada uno toca lo suyo. Un plato compartido se marca entre varios, la propina y el redondeo se reparten con regla, y las sumas cuadran al céntimo. Si el total del papel no sale, la app lo dice en vez de corregirlo en silencio.
La lista de la compra del fin de semana, el brainstorming del viaje, un mapa mental entre todos. Cada uno escribe desde su iPhone a la vez, y todo se funde en una sola lista sin pisarse.
Tres en raya, «¿quién paga?» con el mismo resultado en todas las pantallas en el mismo instante, y el juego del impostor: todos reciben la misma palabra menos uno, y hay que descubrirlo hablando.
Dos iPhones, uno junto al otro, se convierten en un solo tablero y la serpiente cruza de una pantalla a la otra. La banda ultraancha comprueba que siguen juntos; si se separan, la partida lo dice y espera.
Lo que compartís en una mesa de Narby viaja cifrado de un iPhone al de al lado, por radio local, y a ninguna parte más. No hay servidor, no hay cuenta y no hay nada que registrar, porque no lo necesitamos: la mesa está delante. Activa el modo avión y la app sigue entera: esa es la prueba, no una frase de marketing.
No hay registro, ni correo, ni contraseña, ni enlace de invitación que quede rodando en un chat. Se une quien ve el código QR en la mesa, y nadie más.
Posiciones de la cuenta, entradas de lista y jugadas viajan por la conexión directa de Apple entre dispositivos, con cifrado obligatorio. Nunca por internet y nunca por servidores nuestros, porque no tenemos.
La foto de la cuenta se lee con el modelo de Apple Intelligence en el propio dispositivo y, una vez leída, no se conserva. A la mesa viajan solo las posiciones con sus importes.
Conectarse, dividir la cuenta, las listas y los juegos funcionan sin cobertura, en el sótano del restaurante o en pleno vuelo. Solo las compras de Apple y la lista de otras apps de Freshlab necesitan red.
Transparencia
La foto del tique la lee el modelo de Apple Intelligence en el iPhone que la hizo, y con uno basta: en una mesa de ocho, un solo iPhone compatible lee para todos. Cada posición que el modelo rellena queda marcada como sugerencia de IA hasta que alguien la confirma o la corrige, antes de que la cuenta salga a la mesa, porque un modelo leyendo un tique arrugado a la luz de una vela se equivoca. Teclear las posiciones a mano es la app completa, no un plan B, y en un iPhone sin Apple Intelligence el botón de la foto sencillamente no aparece.
El resto de la caja no lleva IA dentro: el reparto de céntimos, las listas y los juegos son reglas deterministas que se ejecutan en cada iPhone. El juego del impostor funciona con listas de palabras que vienen con la app, en español, alemán e inglés; Apple Intelligence solo añade variedad cuando el iPhone del anfitrión la tiene, y nunca es un requisito.
Qué cuesta
Dividir la cuenta, las listas y los juegos son gratis, para los ocho. Sin suscripción, sin muro de pago y sin límite de sesiones.
Si Narby os salva la sobremesa de la calculadora, puedes invitarnos a un café, una tapa o una cena desde los ajustes. A cambio recibes una insignia de apoyo y un icono alternativo. Es voluntario y no desbloquea ninguna función.
No hay plan mensual, ni versión pro, ni funciones escondidas detrás de un pago. Las tres compras opcionales son propinas de un solo pago y no cambian nada de lo que la app hace.
Soporte
Escríbenos a support@freshlab.es. Respondemos en español, alemán e inglés, normalmente en uno o dos días laborables. Cuéntanos los modelos de iPhone de la mesa, la versión de iOS y qué pasó, así evitamos una ronda de preguntas.
Un iPhone con iOS 26 por participante. Para rellenar la cuenta con una foto del tique hace falta además un iPhone con Apple Intelligence, y basta uno en toda la mesa: el que fotografía es el que lee, los demás participan igual con cualquier iPhone compatible. Sin Apple Intelligence las posiciones se teclean a mano, y esa es la app completa, no un plan B.
Ocho iPhones. Es el límite de la tecnología de conexión directa que usa Narby, y la app lo dice cuando llega el noveno en vez de fallar en silencio. Para grupos más grandes está el modo individual: una persona reparte la cuenta ella sola en su iPhone y envía a cada uno su importe por el canal que quiera.
No. Uno enseña un código QR, los demás lo escanean y los iPhones se conectan entre sí por radio local, de teléfono a teléfono. No hay servidor, no hay cuenta y no hay enlace de invitación, y todo funciona en modo avión. Las únicas conexiones de red de la app son las compras gestionadas por Apple y la descarga de una pequeña lista con las demás apps de Freshlab, y ninguna de las dos toca lo que pasa en la mesa.
A ninguna parte. La foto se queda en el iPhone que la hizo, la lee el modelo de Apple Intelligence en ese mismo dispositivo y, una vez leída, no se conserva. A los demás iPhones de la mesa viajan solo las posiciones con sus importes, cifradas y de teléfono a teléfono, nunca por internet.
Nada. Tu sitio, tu color y lo que ya habías marcado se mantienen, y al volver la sesión te recoloca donde estabas. Una sesión de Narby termina cuando la cosa está hecha, no porque una señal de radio parpadee un momento.
Cada módulo lo dice en una frase antes de empezar. Los juegos no guardan nada: una partida terminada desaparece. La cuenta y las listas guardan exactamente lo que ves en pantalla, posiciones, nombres e importes, y solo en tu iPhone. Al eliminar la app se va todo, porque no existe ninguna copia fuera de tu dispositivo; si tienes copia de seguridad de iCloud o del ordenador, revísala desde los Ajustes de iOS.
Narby llega pronto al App Store. Mientras tanto, puedes leer exactamente qué hace con lo que compartís en la mesa, que es moverlo solo entre vuestros iPhones.
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